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14 de abril de 2026

Día del Libro 2026

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Manifiesto Día del Libro 

Mi madre me enseñó a leer. Mi madre me dio la vida, las vidas, mil vidas. Hace mucho tiempo, en un lugar de la Mancha, en nuestra casa de Alcázar de San Juan, sobre una mesa camilla con un brasero de picón, mi madre me enseñó a leer; me dio las claves para desentrañar y encadenar esos pequeños símbolos que son las letras y de las letras… a las palabras, las frases… los libros. Mi madre me enseñó a leer libros que enseñan, instruyen, inspiran, calman, asustan, retan, deleitan, divierten, llaman, entretienen, enfadan, acompañan, nos consuelan. Mi madre me enseñó a leer libros que te hacen vivir, mirar, pensar, observar vidas y situaciones que probablemente no llegaré a vivir ni conocer y como decía nuestro paisano Miguel de Cervantes Saavedra: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.” Los mejores momentos en soledad y en compañía me los han dado y me los dan los libros. Ellos son como el alma de la casa. Muchas veces me preguntan: ¿no te aburres nunca? Yo contesto y pregunto: ¿con un libro? ¡Nunca! Mi madre me enseñó a leer las obras maestras, las muy buenas, las buenas, las malas y las muy malas; no hay libro tan malo que no tenga algo bueno, de un libro siempre se saca algo. Mi madre me enseñó a leer y a visitar las bibliotecas llenas de estanterías repletas de libros de mucha gente que te habla y te dice cosas al oído, a la mente, a la imaginación: Cervantes, Pessoa, Tirso, Lope, Tolstoi, Goethe, Lorca, Nieva, Vargas Llosa, María Moliner, Proust, Calderón, Machado, Valle-Inclán, Shakespeare, Pío Baroja, Molière, Conan Doyle, Ibáñez, Espronceda, Laforet, Saramago, Jorge Manrique, Mary Shelly, Villoro, Dante, Chéjov, Santa Teresa, Galdós, Dostoyevski, Unamuno, García Pavón, Tomeo, Platón, Lao-Tse…. Dios. Mi madre me enseñó a leer Divinas palabras, El amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, El sulfato atómico, Lisístrata, Pinocho, El burlador de Sevilla, El diablo mundo, la Gatomaquia, El conde de Montecristo, Los miserables, la Divina comedia, Las alegres comadres de Windsor, Pelo de tormenta, Blancanieves, La reina de las nieves, Tío Vania, Jerusalén liberada, El banquete, Plinio, El loco de los balcones, En busca del tiempo perdido, Las Moradas, Los misterios de la ópera, El Quijote, el Tao, Los Evangelios. Mi madre me enseñó a leer para ser libre, “porque la libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”; para ser críticos y criticar; para analizar y mejorar; para que no piensen por uno,   porque el pensamiento y el conocimiento nos hace libres y esa libertad nos la dan los libros. Historia, poesía, teatro, matemáticas, recetas, biografías, novelas, cómics, leyendas, cuentos, música. Mi madre me enseñó a leer y quiero decir que comprendí que las pantallas y las redes tontfican, que es volverse tonto, perturbarse.                   
Y que la lectura y los libros fortifican, dan vigor y fuerza y vida y liberan la mente, cambian la vida y nunca se agotan y hay que leer y releer. Un libro es como una medicina natural, estímulo para el cerebro y el espíritu. Así que llenemos las bibliotecas de esta nuestra maravillosa tierra que es Castilla-La Mancha.                                
Dejemos las trincheras y las barricadas de las pantallas, gritemos y susurremos todos con fuerza... 
¡A LOS LIBROS! 
Emilio Gavira

Protagonistas

El Día del Libro 2026 tiene como autor del Manifiesto a Emilio Gavira, prestigioso actor y barítono nacido en Fuengirola en 1964 pero muy vinculado a Alcázar de San Juan, reconocido por su versatilidad en cine, televisión y ópera. Destaca por papeles icónicos en películas como Blancanieves (por la que fue nominado a un Goya)  y series como Aída donde recientemente ha participado en el reencuentro "Aída y Vuelta" (2026) o La que se avecina. Actualmente triunfa en el teatro con la obra Campeones 2, reforzando su compromiso con la inclusión. Además de su éxito artístico, es un referente en la defensa de la dignidad de las personas con acondroplasia.

El cartel es obra de Laura Yubero, artista plástica e investigadora nacida en Guadalajara (1998), graduada en Bellas Artes e Historia Contemporánea, que combina la creación artística con el diseño gráfico. Su obra recupera técnicas ancestrales como la costura y el bordado para tejer vínculos entre lo íntimo y lo colectivo. A través de prácticas archivísticas y bellas artes, explora la historia reciente para imaginar futuros posibles. Utiliza el arte como un espacio seguro para narrar historias desde la ternura.

4 de abril de 2025

Día del Libro 2025

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MANIFIESTO:

—Querida *mabre, me han encargado que haga un manifiesto para el Día del Libro.

—¿Y qué vas a decir? ¿Lo de que los libros te hacen volar?

—Vaya, me ha pillado.

—No les mientas. Mira lo mucho que yo he leído y lo poco que vuelo. ¡Ni que fuera una pájara!

—Mujeeer, es que se refiere a la imaginación y todo eso.

—Ya, pero está muy visto.

—Es que, si no, no sé qué poner. Ayúdeme, ande.

—Verás como al final te lo escribo yo todo. Se terminará sabiendo que soy la autora de tus libros… Pues tú dile a la gente que leer es un superpoder. Como lo de volar de Supermán. Porque ese sí que vuela. Imagínate que no lo hiciera. Que tuviera ese superpoder y no lo usara. ¿Qué le dirías?

—Pues lo que usted me dice tan a menudo cuando me dejo lo blanco del jamón: ¡¿Tú estás tonto o qué?!

—Claro. Pues con la lectura pasa lo mismo. Y, bueno, también le dirían: “Supermán, criatura, los calzoncillos, mejor por dentro”. Pero ese es otro tema… Ah, y puedes poner, además, que quien lee más, vive más.

—Eso ya está dicho.

—Ya, pero mal explicado. ¿Conoces a Braulio, el del 2°B?

—¿El que no sale de casa?

—Ese. Pues se pasa el día leyendo para no morirse nunca. Alguien tendrá que explicarle que los libros te dan más vida a lo ancho; no a lo largo.

—Eso no lo entiendo.

—Pues que no te dan más años, que te ensanchan el caudal de las vivencias.

—Se me está poniendo usted técnica.

—Sí, es que me estoy animando. Diles también que los libros muerden.

—Será que no muerden.

—No, hombre, que el peligro atrae. Si no tiene peligros, tampoco tiene emoción. Y no me dirás que no hay libros que te dejan con el culo torcido. Esos me encantan.

—¡Toma y a mí!

—Ah, y añade que sirven para golismear.

—No, eso no.

—Bueno, pues tú pon “para explorar vidas ajenas”, que es lo mismo. Pero vamos, que lo que gusta es golismear.

—Espere. Voy a poner que los libros son como una ventana a la que asomarse a la vida de otras personas...

—Mirilla, pon mejor que son una mirilla, que tiene más morbo.

—Eso. Voy a poner: Los libros son una mirilla maravillosa.

—Bueno, maravillosa... algunos. También hay ladrillos. Avísales, a ver si van a coger el primero y no les va a gustar y ya no cogen más.

—Pues si no les gusta el primero, que vayan a la biblioteca, lo devuelvan y cojan el segundo.

—Claro. O a la librería. Y si el segundo no les gusta, que prueben por el tercero. ¡Será por libros!

—Venga, pues ya lo voy teniendo. Voy a empezar: Un libro es una mirilla...

—O una hamaca. También hay libros que te dejan como en hamaca.

—O sobre ascuas...

—O al borde del acantilado.

—O lejos, muy lejos, en silencio.

—O…

—Mira, mejor haz un listado de palabras que quedará muy moderno.

—A ver: Un libro es una mirilla, una hamaca...

—Un ladrillo.

—No, eso más adelante, cuando hayamos dicho más cosas buenas.

—Vale: Los libros son mirilla, hamaca, madriguera, ascua, claraboya, bosque, solecete y tarde de lluvia, acantilado, ladrillo.

—Espere, antes de ladrillo yo añadiría faro, tren en marcha, eco, alfombra voladora, pasadizo, fuego de campamento, nido, tinta, susurro, espejismo, zambullida.

—Sí. Y a veces, ladrillo.

—Venga. Pues ya está. ¿Y usted cree que con esto se animará todo el mundo a leer?

—¡Toma ya! ¡Pues claro! Pero, por si acaso, remata con que quien lee tiene la piel más tersa y el cabello más sedoso y verás.

—¡Ja, ja, ja! Vale. Y añado “más gracejo al caminar”.

—¡Sí! ¡Ja, ja, ja! ¡Pon eso! ¡Pon eso!

—Muchas gracias, mabre.

—De nada hijo. ¡Qué bien me lo he pasado!

—Me despido. La beso y la venero.

—Lo que tienes que hacer es venir a verme, que nos tienes abandonados al Mediterráneo y a mí.

—Ay.

*Mabre es el nombre de un pez y también la manera cariñosa que tiene Pablo Albo de llamar a su madre en la ficción. Bueno, en la realidad también.

3 de abril de 2023

Día del Libro 2023

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MANIFIESTO DÍA DEL LIBRO 2023

La emoción comienza con el mero hecho de elegirlo de la estantería. Una vez escogido, buscamos un sitio cómodo y nos recreamos en la portada, en sus ilustraciones y en las particulares formas de las letras. Inmediatamente después de abrirlo da comienzo el hechizo: un sinfín de signos de apariencia incomprensibles para el niño son convertidos por el adulto en sonidos que a su vez forman palabras e historias que marcarán a quien las lee y a quien las escucha.

He tenido que esperar demasiado para volver a leer en voz alta. Han debido pasar casi cuarenta años para acompañar de nuevo a alguien en la aventura que supone sumergirse en los libros. Hace mucho mucho tiempo y justo antes de dormir, yo me acomodaba en la cama de mi hermano y, poco a poco y de manera todavía insegura y dubitativa, le iba descubriendo los significados de las letras y las palabras y las frases. No recuerdo qué cuentos le leía, pero sí la sensación de vivir juntos un momento mágico y la convicción de que aquellas lecturas compartidas fueron fundamentales para nuestro vínculo como hermanos. Ahora, casi cuatro décadas después, vuelvo a tener esta maravillosa oportunidad: puedo ser testigo del asombro que una buena historia provoca en el rostro de un niño absorto en la narración. Formo parte de una cadena de lectores en la que cada eslabón es imprescindible para que la fascinación por las palabras se mantenga en el tiempo. Los niños, absortos hoy en la lectura, mañana serán los narradores; de la palabra escuchada a la palabra pronunciada.

Se dice a menudo que los libros son puertas, pero a veces se olvida que, al principio de nuestras vidas, no siempre somos capaces de abrir las que nos vamos encontrando. No es difícil recordar el esfuerzo titánico al intentar alcanzar aquel picaporte que siempre se escurría entre nuestros dedos infantiles y como, en muchas ocasiones, era la mano de una madre, un padre o una abuela la que finalmente giraba la manivela. Algo similar ocurre con la lectura: antes de saber descifrar los misterios del alfabeto carecemos de la clave que nos permitirá abrir por nosotros mismos esas puertas que son los libros. Ahí es donde el papel del adulto se convierte en fundamental. El placer de escuchar historias se crea en la primera infancia, y ese deleite está en la base misma de la posterior afición por la lectura. Si nadie nos cantó, nos contó ni nos leyó antes de dormir, será difícil que al crecer amemos los libros, por lo que es fundamental que les leamos a las niñas y los niños que nos rodean. Solo así sembraremos semillas de palabras que germinarán en futuros lectores.

La casa en la que vivimos suele tener una única puerta que nos comunica con el exterior. Sin embargo, si somos capaces de construir dentro de ella una buena biblioteca, nuestro hogar no tendrá una única puerta, sino tantas como libros hayamos reunido. Descubramos esos libros y traspasemos esos umbrales para vivir otras vidas y viajar en el tiempo y en el espacio. Y nunca olvidemos a quienes nos leyeron en voz alta en «aquellos días azules y bajo aquel sol de la infancia», porque fueron la llave que abrió por vez primera el cofre del tesoro donde se guardan todas las historias.

¡Feliz día del libro 2023!

18 de abril de 2022

Día del Libro 2022

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Manifiesto Día del Libro 2022

Ana Iris Simón


En segundo de primaria, cuando tenía siete años, un ratón se nos coló en la clase mientras dábamos inglés. No recuerdo si estábamos aprendiendo los colores, los animales o cantando esa canción que enumera las partes del cuerpo, pero sí me acuerdo de que todos nos asustamos mucho. Incluso Isabel, la profesora de Inglés, se puso a vocear y se subió a la mesa al ver al pequeño roedor entrar en el aula y cruzarla entera. 

Después llegaron Marcial, el bedel, que echó al animal no recuerdo como, y Rosa, nuestra profesora de Lengua. Le explicamos el incidente, excitadísimos, durante toda la hora de clase, así que nos mandó de deberes para el día siguiente contarlo todo en una redacción. Cuando llegué a casa, le expliqué a mi padre lo que había ocurrido y que tenía que hacer una redacción contándolo. Y me respondió que, si nosotros nos habíamos asustado, el pequeñísimo ratón seguramente habría pasado pavor teniendo que cruzar una clase con un montón de humanos gritando, incluidos niños y una profesora de inglés. 

Aquella tarde escribí la historia, como me había sugerido mi padre, desde el punto de vista del ratón en lugar de desde el mío. También aprendí una de las mayores lecciones de literatura de mi vida: que, de vez en cuando, hay que ser el ratón. Que si los cuentos, que, si los libros tienen sentido, es porque nos permiten viajar, aunque no tengamos para pagarnos siquiera el pasaje de Ryanair. 

Los libros nos llevan a otros lugares, de la Ítaca de Odiseo al desierto del Sáhara en que apareció El Principito. A distintas culturas, de la mano de Las mil y una noches o la Bhagavad-gita. Pero también a otros tiempos, pasados y futuros, mejores y peores. Y a otras pieles, como la del ratón.

En segundo de primaria, cuando empecé a intuir lo que era la literatura gracias a mi padre y al ratoncillo desorientado, apenas había leído un par de libros o tres. Alguno de El Barco de Vapor, recopilaciones de versos de Gloria Fuertes. Pero un par de años después, en Ontígola, el pueblo de Toledo en el que vivía, abrieron una Biblioteca Municipal.

Allí conocí a Carmen, la bibliotecaria, que se convirtió para mi yo de diez años en una amiga. Me pedía ayuda para decorar la Biblioteca cuando llegaba Navidad, me contaba cosas en su despacho mientras catalogaba los cuentos y me recomendaba libros. Sobre todo, me recomendaba libros. 

Tendría trece cuando llegué, no sé si por casualidad o porque ella me lo dijo, al Réquiem por un campesino español de Sender. Y comprendí que los libros tienen sentido porque nos hacen viajar, sí, pero también porque nos hacen quedarnos. Aquellas historias de hambre y miseria, de callos en las manos y gachas para comer varios días en semana me sonaban mucho de habérselas oído a mis abuelos, como después me sonarían las de Delibes o las crónicas de Carandell. Y entendí que los libros sirven, además de para visitar otros cuerpos, otras culturas e incluso otros tiempos, para hacer permanecer los propios. 

Para sentir que nuestras vidas, aunque no tengamos un caballo llamado Bavieca ni andemos buscando el Grial o la espada Excalibur, merecen no solo ser vividas, sino también contadas. Para construir nuestra propia memoria, la de nuestra familia, la de nuestro pueblo, y hacerlos así eternos. 

Así que os deseo un feliz 23 de abril y que nunca dejéis de viajar con los libros, pero tampoco de quedaros. Que los devoréis, pero que también los creéis vosotros mismos. Que disfrutéis de las historias ajenas, pero que sintáis que las propias también merecen quedar en negro sobre blanco.

12 de abril de 2021

23 de abril: Día del libro

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Manifiesto escrito por Jesús Carrasco:

Estas palabras están dirigidas a ti, que todavía estás a salvo de la lectura. Que todavía no te has encontrado a solas con tu primer libro inolvidable. Quería darte la enhorabuena. No es que me alegre de que la lectura no esté entre tus hábitos. No es eso. Lo único que pretendo es avisarte de que estás en un momento maravilloso: el que precede a ese primer encuentro a solas con tu primer libro importante. Busca en tu memoria. Seguro que en tu vida ha habido muchos de esos momentos que anteceden al gozo: justo antes de darle el primer bocado a tu plato favorito, cuando el aroma que sube del plato te hace la boca agua; antes de ver a esa persona a la que tanto echas de menos; justo antes de vivir con intensidad uno de esos partidos históricos para tu equipo. Tú, que todavía no has sentido como un libro te roba horas de sueño; que todavía no te has metido en la piel de Madame Bovary, que no has seguido el curso del río Nilo hasta sus fuentes. Que no has vivido en los árboles, que no has bajado al centro de la Tierra, que todavía piensas que Don Quijote estaba loco. Te envidio, y de ahí mi enhorabuena, porque todavía tienes tanto por descubrir. Lo que daría yo por estar en tu piel. Por volver a ser aquel niño que se encontró un mediodía primaveral a solas con su primer libro. Un primo me trajo un álbum de Astérix que había sacado del bibliobús que pasaba por su pueblo. En Torrijos, donde yo vivía en aquel momento, ni siquiera había biblioteca municipal. Recuerdo que habíamos terminando de comer y yo todavía tenía un rato libre antes de regresar a la sesión de tarde del colegio. Saqué una silla de enea a la parte trasera del patio de la casa de mis padres. Debía de ser marzo o abril. El estómago lleno, la tibieza del sol, los primeros brotes en los arriates, el olor de la última humedad del invierno, el fresco musgo entre los cantos que empedraban el suelo. Esa fue mi antesala gozosa. El momento irrepetible al que tú todavía tienes acceso. Abrí aquel libro y te juro que, durante un rato, yo me hice de papel y me sentí al lado de aquel guerrero menudo y de su compañero, el tallador de menhires. Y me reí viendo a los romanos huir despavoridos y me relamí comiendo jabalí asado y noté la paz que transmitía el druida de aquella aldea de locos. Ese fue el primer asombro que un libro me produjo. El último, anoche mismo, cuando terminé rápido de cenar para meterme en la cama y abrir la novela que ahora estoy leyendo. Ese libro todavía no ha terminado. A lo largo del día de hoy he sentido la tentación de dejar lo que estaba haciendo para leerlo durante un rato. Pero he preferido no hacerlo. No quiero que se termine tan pronto. Quiero que me espere esta noche en la mesilla, que me de algunas horas más de gozo. De una felicidad que no puedo explicarte porque, la única forma de entenderla, es haberla sentido y la única forma de sentirla es haber leído.
No importa que esta noche no sea tu momento. Solo te pido que no abandones la idea. Date la oportunidad de encontrarte con ese primer asombro. No te desalientes si no lo consigues a la primera. Tendrás que probar con más de un libro hasta que llegue el que te haga sentir eso que todavía no puedes explicar. Pero querida amiga, querido amigo, cuando llegue ese día, te aseguro que no querrás parar de leer. ¿Y sabes lo mejor? Que a tu lado siempre habrá una librería, una biblioteca pública o un bibliobús. Solo tendrás que hacerte un pequeño carnet para abrirle la puerta a tantos momentos de felicidad. Si eres de las personas a las que no les gusta leer y, aún así, has llegado hasta el final de este texto, quizá sea el momento para que le preguntes a un amigo, a un familiar o a tu bibliotecario por un libro que te haga sentir bien.

Feliz día del libro 2021. 

18 de abril de 2020

Rozalén protagonista de la campaña del Día del Libro en Castilla-La Mancha

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María Rozalén es la encargada este año de poner rostro (y voz) a la campaña publicitaria con motivo de la celebración del Día del libro en Castilla-La Mancha. La cantautora albaceteña es la imagen del cartel conmemorativo que la Consejería de Educación, Cultura y Deportes elabora cada 23 de abril y también (dada la situación que estamos atravesando) se emitirá un vídeo en el que leerá un fragmento de uno de sus libros.

                   Manifiesto del Día del Libro en Castilla-La Mancha

Yo no soy poeta 

Yo no soy poeta. Tampoco escritora. Ha costado convencerme para iniciar esta aventura de escribir y vender un libro, os lo aseguro.

Sí tengo en común con los poetas el intento de expresar con palabras emociones, sensaciones, sentimientos... Tengo en común mi deseo por transmitir lo que siento, contar historias, detallar momentos. Pero yo no soy poeta ni escritora, Hago canciones, eso sí, pero las canciones tampoco tienen por qué ser poesía.

Para mí los poetas, los grandes escritores tienen un trabajo a cuestas, un estudio, un don, una dedicación, muchísimas horas de lectura y ensayo que yo no tengo.

Por eso, si quieres de verdad algo que te enseñe, que te emocione, una primera base de calidad, que te hagan volar, viajar en el tiempo, cambiar de piel, enamorarte, llorar, reír, soñar... Entonces permítete el regalo de sumergirte entre las letras de Julio Cortázar, Eduardo Galeano, Benedetti, Gioconda Belli, Borges, García Márquez, Pablo Neruda, Nicanor Parra, George Orwell, Oliver Sacks, Simone de Beauvoir... Regala libros de Miguel Hernández, Federico García Lorca, Almudena Grandes, Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes, Juan José Téllez, Saramago, Karmelo Iribarren, Ángel Gonzalez, Gloria Fuertes, Nuria Varela. Ellos y ellas son algunos de los maestros que me han ofrecido los mejores momentos de estos años que a continuación describo. Han sido fuente total de inspiración.
Y después, por supuesto, busca, pregunta... Hay verdaderos talentos anónimos que merecen que sus libros sean comprados. Que no te engañe una cara, un nombre conocido.

Y, a pesar de todo, aquí me tienes.

Aquí vas a descubrir un poquito más del alma que está detrás de mis canciones, de las vivencias que esconde esta profesión de locos. Conocerás el principio de muchas cosas, los porqués, muchas de mis alegrías y fragilidades.

Porque sí, porque me apetece, porque creo que esta es la mejor manera que tengo de aportar algo a los demás, porque soy consciente de mi suerte en la vida que me ha tocado vivir y no hay mayor regalo que compartirla.

Y, aunque yo no soy ni poeta ni escritora, creo que he conseguido lo que andaba buscando: honestidad. 

María Rozalén, cantautora y activista social
Cerrando puntos suspensivos. Editorial Aguilar, 2018

Además, Rozalén también está de actualidad pues acaba de publicar una nueva canción titulada "Aves enjauladas" creada en los primeros días de confinamiento cuyo mensaje es "que tenemos que vivir lo que nos ha tocado día a día, aprendiendo de esta para volver con más fuerza". Lo recaudado irá destinado a una red de pisos para mujeres y familias en riesgo de exclusión social que apoya la ONG @entreculturas

22 de abril de 2019

Día del Libro 2019

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En septiembre de 2019 se celebrará el centenario del nacimiento del escritor y crítico literario de Tomelloso Francisco García Pavón. Por este motivo la Consejería de Educación, Cultura y Deportes ha querido honrar su memoria con la conmemoración del Día del Libro de este año en torno su figura y obra. El acto institucional se celebrará el próximo 23 de abril en la localidad toledana de Ugena. Este es el manifiesto que ha escrito José Belmonte Serrano de la Universidad de Murcia:

Francisco García Pavón, excelente ensayista, reputado crítico teatral, apenas habla en sus escritos de Cervantes. Sin embargo, en sus novelas –especialmente las de la serie policiaca, con Plinio y don Lotario de protagonistas– resulta mucho más explícito. En uno de estos relatos, quizá de los menos conocidos, Voces en Ruidera, publicado en 1973, García Pavón le rinde un cálido homenaje al autor del Quijote: "el Quijote –nos viene a decir– es una novela idílica, pero más que de pastores virgilianos, de pastores reales, de gentes modestísimas entre breñales e inocencias...".
Es obvio que el escritor tomellosero pensaba, no en la tradición clásica de una Arcadia perdida, sino, antes bien, en sus propios paisanos, en la gente modesta y sencilla de su tierra, en los sufridos y laboriosos castellano manchegos que él conocía a la perfección, que, como buen observador, había visto con sus propios ojos a lo largo de su vida.
A través del Quijote García Pavón nos conduce, con sutilidad y sabiduría, hasta el mundo de la lectura. En Voces en Ruidera, en uno de los diálogos que sostiene Plinio con un tal don Ricardo, el director del instituto, en el Casino de San Fernando, el docente, profundamente decepcionado, le explica que a los hombres eminentes del país "ahora no hay quien los conozca", quejándose amargamente del poco caso que le prestamos los españoles a la cultura.
Cervantes, y su Quijote, son siempre una referencia en las obras de García Pavón porque éste sabe que en sus páginas se encierra la verdad más amarga, pero, al mismo tiempo, también la diversión más honesta y pura, una mirada escrutadora y profunda hacia lo que sucede en el mundo, y también a lo que sucede en el interior de nosotros mismos. Leer para vivir. Para vivir otras muchas vidas que, por lo limitado de nuestro tiempo, nunca hubiéramos alcanzado a saborear. Los libros –y el Quijote es el mayor compendio de todos los libros de la historia de la Humanidad– encierran los secretos del mundo que sólo se nos desvelan buceando en sus páginas, como quien busca un tesoro. Son muchos los escritores actuales que, a la estela de Cervantes y de García Pavón, han asegurado que serían capaces de vivir sin escribir ni una sola línea, pero que el mundo les parecería un lugar inhóspito y aburrido si no tuvieran ante sí un buen libro que les ayudara a soñar cada día.

José BELMONTE SERRANO
Universidad de Murcia

23 de abril de 2018

Día del Libro 2018

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Manifiesto:

He vivido muchas vidas.

He corrido por las calles intentando evitar la muerte de Santiago Nasar, busqué la luz tras las rejas de la casa de Bernarda Alba, aullé de dolor con el abandonado Rey Lear, salté a la pata coja en la rayuela (capítulo adelante, capítulo atrás), me enamoré de un muchacho casi salvaje allá en Cumbres Borrascosas, pude conocer el centro de la tierra, el fondo del mar, el lugar donde viven los monstruos. Bajo las arenas del desierto embalsamé cadáveres mientras repetía el nombre de la bella Nefer (Nefer, Nefer), y sobre ellas domestiqué un zorro que me domesticó a mí.
Guardé los juegos de los niños entre el centeno, conseguí llevar el más pesado anillo hasta las entrañas del Monte del Destino, asistí horrorizada a los primeros pasos de un monstruo compuesto con trozos de cadáveres. He paseado por Nueva York con Federico, con Paul, he puesto mi orden en la boca del Golem y he mirado asombrada a través del Aleph. Tarareé una nana que olía a cebolla, y otras rimas que olían a whisky, a flores y a locura. He recibido pedradas por acompañar a un hidalgo manchego a desfacer entuertos, he pasado hambre de la buena con Don Pablos, he tomado té con muchachas orgullosas y con un sombrerero loco, tuve una criada disecada que se movía sobre una tabla de madera.
Esperar a Godot, destilar perfumes con un muchacho que no tiene olor, gritar con Edipo, escapar con Edmundo, perseguir al monstruo blanco con Ahab, recorrer Nueva Orleans con Ignatius, naufragar con Crusoe.
Todo eso hice, todo eso hago sentada frente al mar, junto al crepitar del fuego o traqueteada por el autobús. ¡Qué pena, la gente que solo vive una vida!
Entras en una librería, paseas por los pasillos de una biblioteca, y ahí está el tuyo, temblando en las estanterías, deseando saltar a tus manos como un regalo precioso. Basta abrirlo como una caja mágica, como una máquina del espacio y del tiempo; oler el papel, la tinta, pasar la mano por la superficie satinada de las ilustraciones. «Érase una vez», y todo empieza. «Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos…», y ya estás dentro.
¿Un día del libro?… ¡Un libro para cada uno de los días!

Llanos Campos Martínez

21 de abril de 2017

La voz del cuidado

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Castilla-La Mancha celebra desde 1992 el Día del Libro como uno de sus acontecimientos más multitudinarios y queridos. Desde entonces, ha sido tradicional que un autor de reconocido prestigio dedique unas reflexiones personales en torno a la importancia del libro y la lectura para su difusión en forma de Manifiesto cada 23 de abril.
Este año el encargado del mismo es Gustavo Martín Garzo, Premio Nacional de Narrativa en 1994 por su novela "El lenguaje de las fuentes", Premio Nadal en 1999 por "Las historias de Marta y Fernando", Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2004 por su obra "Tres cuentos de hadas", Premio Mandarache en 2008 por su novela "Mi querida Eva" y Premio de Novela Ciudad de Torrevieja en 2010 por su obra "Tan cerca del aire".

Además, este año celebramos el centenario del nacimiento de José Luis Sampedro, quien escribió el segundo Manifiesto por el Libro en Castilla-La Mancha en 1993. Por ello, la Consejería de Educación, Cultura y Deportes ha querido honrar su figura dedicándole el cartel conmemorativo.

LA VOZ DEL CUIDADO

Queridos amigos me vais a permitir que este Día del Libro dedique unas palabras a hablaros de los niños y de lo importante que es que les contemos cuentos. Los niños suelen pedírnoslo cuando les llega la hora de acostarse y tienen que enfrentarse a la oscuridad de la noche. A veces los improvisamos sobre la marcha, y otras recurrimos a historias que hemos escuchado o leído hace tiempo, puede que las mismas que nos contaron de niños los adultos que se ocupaban de nosotros. En esas historias todo es posible: que los objetos vivan, que hablen los animales, que las muchachas tengan poderes que desafían la razón: el poder de volar o de volverse invisibles, el poder de conocer palabras que abren montañas, el poder de burlar a gigantes y brujas y de ver el oro que brilla en la oscuridad de la noche. Porque la razón ultima por la que contamos a un niño una historia es buscando su felicidad. Hay otras: que esa historia le enseñe a ser generoso, a amar la naturaleza y a los animales, a confiar en los que quiere, a no tener miedo. Pero lo esencial es que le haga feliz escucharla.

Los cuentos no tienen nada que ver con las lecturas ejemplares de la vieja educación autoritaria. No le dicen al niño que sea obediente, sino que sea atrevido y curioso. Casi todos los cuentos son posibles porque sus protagonistas no hacen lo que deben. Caperucita se detiene a hablar con el lobo y elige el camino más largo para ir a la casa de su abuela porque la maravilla todo lo que encuentra: y la esposa de Barba Azul sólo vive para robar la llave a su marido y descubrir el enigma del cuarto cerrado. Y el mundo está lleno de caminos extraños y cuartos cerrados, que no son sino esas preguntas que no podemos dejar de hacernos porque contienen la clave de lo que somos: por qué existe el dolor y la alegría, por qué existe la injusticia, por qué nacemos y por qué tenemos que morir, por qué fueron creados los elefantes, los ríos, el ámbar o las estrellas. Casi todas estas preguntas carecen de respuesta, pero los cuentos hacen que sigan vivas en nuestros corazones y así nos ayudan a vivir. Pues quien pregunta quiere saber, descubrir algo, y la imaginación es la facultad que nos permite abandonar el territorio de lo conocido y lo previsible e internarnos en el vasto campo de lo posible.

Julien Green escribió que la imaginación es la memoria de lo que no sucedió nunca; y nosotros añadimos, pero debió suceder. Es un acto de rebeldía frente a esa realidad absurda que impone a los hombres una manera de vivir y de comportarse que nada o casi nada tiene que ver con lo que de verdad desean o son. La imaginación es como ese doble enmascarado que en los relatos de aventuras abandona el ámbito de seguridad de la casa y se escapa aprovechando la noche por los tejados. Nos promete el mundo de las ventanas iluminadas, de los tesoros que brillan en la oscuridad, de los amores prohibidos. Es decir, todo lo que sin duda merecimos pero no llegamos a tener. Santa Teresa la llamó la loca de la casa, pero su misión está llena de sentido común: hacer que la realidad vuelva a ser deseable y que los deseos se hagan reales. En definitiva, que eso que llamamos lo real no pueda existir sin el anhelo de lo verdadero.

Los cuentos nos dicen que la vida es un don que debemos conservar y cuidar, que debemos estar agradecidos y dar las gracias porque existan los ríos, los perros, la música y los niños. Todo eso es sagrado y nadie tiene derecho a ultrajarlo. Algunas gentes, no es posible saber por qué, están enemistados con las mejores cosas de la vida. Por eso es importante contar cuentos a los niños, para que cuando sean mayores no sean como ellos. La voz que se escucha en los cuentos es la voz del cuidado, no la de la muerte. Y para eso deben servir los nuestros, para hacer más plena y clara la vida que compartimos con los demás.
Muchas gracias por escucharme. Os deseo un feliz Día del Libro en compañía de vuestros niños.
Gustavo Martín Garzo

22 de abril de 2016

Sin los libros nada somos

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Castilla-La Mancha celebra desde 1992 el Día del Libro como uno de sus acontecimientos más multitudinarios y queridos. Desde entonces, ha sido tradicional que un autor vinculado con la región, dedique unas palabras, unas reflexiones personales en torno a la importancia del libro y la lectura para su difusión en forma de Manifiesto cada 23 de abril. Este año el encargado del mismo es el toledano de Polán, Francisco de Paz Tante autor de Cielos de Samarcanda, con el Manifiesto titulado "Los libros crecidos"

Además, en este año, en el que conmemoramos el IV Centenario de la muerte de Cervantes, celebramos también el primer centenario del nacimiento del dramaturgo alcarreño Antonio Buero Vallejo, quien además, tuvo el honor de ser el primer autor en realizar el Manifiesto por el Libro en Castilla-La Mancha. Por este motivo, desde la Consejería de Educación, Cultura y Deportes, se ha querido recuperar el Manifiesto de Buero Vallejo tan vigente hoy como hace 24 años y que reproducimos a continuación. Por este motivo y por primera vez, Castilla-La Mancha contará con dos Manifiestos para celebrar el Día del Libro.

SIN LOS LIBROS NADA SOMOS 

Vivimos en el mundo y sin él nada seríamos. Para vivir en él, para contribuir a su difícil esplendor y a su siempre anhelada humanización; para que él a su vez nos fecunde y perfeccione, precisamos indefectiblemente de los libros: hay que escribirlos pero, sobre todo, leerlos. Y el mundo también los necesita. Si nada seríamos sin él, nada sería el mundo sin ellos. Poco sabría el mundo de sí mismo si no leyéramos lo que es y lo que no es; muy poco sabríamos también de nosotros mismos sin esa inmensa biblioteca creada por los seres humanos esa guía del mundo en que moramos mas también de nuestros propios enigmas y problemas. Nuestro vivir depende del contorno inmediato, pero hoy, y cada día más, del vasto contorno inexorable que llega incluso hasta las galaxias. De ahí, la necesidad de conocerlo y de conocernos. ¿Se le puede dar la vuelta al mundo en 80 libros? Tal vez sí, al menos en un primer recorrido iniciático, pues los mejores libros son, a su modo, certeras pistas del viaje inacabable que a él nos acerca y, asimismo, a los misterios de nuestra propia personalidad. 

El aluvión de los medios audiovisuales generado por la "cultura de la imagen" podrá acaso parecerles a muchos suficiente para el acceso a cuanto el planeta y nuestros semejantes pueden ofrecernos y aun a cuanto acertemos a interrogarnos acerca de nuestras realidades más íntimas, pero si fomentase el abandono de la lectura llegaría quizás a ser funesto para la magna aventura de nuestra especie. No nos engañemos: antes y después de esa cultura visual hay que partir siempre de los libros y regresar siempre a ellos. Igual que la palabra viva de todo buen maestro, la mejor información de las pantallas de televisión o de los ordenadores nos es utilísima, pero no anulará la imprescindible frecuentación del libro que la expone a fondo; la mejor novela trasladada al cine o al vídeo no puede superar el sosegado saboreo de su lectura. Y aún cabría añadir: la mejor escenificación de una gran obra de teatro la abrillanta y la culmina, más no suplantará al libro que la ha originado y que permanece después que ella se esfuma. 

Pero ¿dónde están los libros? Incontables personas forman su biblioteca particular: la de los volúmenes profesionalmente útiles, la de los preferidos para el deleite y la distracción, la de los que agrada releer. No todas pueden, sin embargo, acopiar esa colección, modesta aunque sobrepase a 80 libros predilectos, ni todas pueden adquirir siquiera, en esta época de tanto desarrollo pero de hartas escaseces, los libros que desearían. Los pueblos que aspiren a culturizarse han de consolidar por ello su red de Bibliotecas Públicas, donde, si tampoco es posible encontrarlo todo, sí se halla mucho más de lo que un pobre hogar podría reunir. Niños y niñas pueden enriquecer en ellas su sensibilidad con los más fascinadores cuentos infantiles, Muchachos y muchachas, satisfacer su sed de aventuras, sentimientos y, fantasía, allí la persona adulta descubrirá el incomparable gozo de la gran obra literaria; quienes estudian dispondrán allí de textos que iluminen decisivamente su tarea. 

Emprendamos, pues, la vuelta al mundo y a nuestro propio interior mediante los libros. Somos personas porque leemos y, lo seremos cada vez más si no pasamos día sin lectura. Y el mundo en que vivimos lo es por los libros que lo reflejan. La ciencia, el arte, el pensamiento, no existiría sin ellos. Las Bibliotecas nos esperan siempre; sus estantes nos reservan no sólo auténticos placeres, sino buena parte de nuestra verdadera madurez. ¿Quién, que lo comprenda, querría resistirse a tan limpia llamada?

Antonio Buero Vallejo (1916-2000)